sábado, 29 de septiembre de 2012

Una visita al recinto amurallado de Ins al.Faray


Imaginemos que uno de los cientos de miles de turistas que llegan anualmente a Sevilla (atraídos por sus indudables encantos) observa un pueblo asentado en la otra orilla del Guadalquivir en la que destaca sobre un promontorio una torre culminada por una enorme imagen de Jesucristo cuyo complejo monumental está rodeado por una muralla que sospecha  (a ojos de nuestro turista) debe ser muy antigua.


Llamado por la curiosidad y ante lo que parece una visita interesante a la que añade que, sin lugar a dudas, desde esa atalaya podrá ver una imagen insuperable de Sevilla y del valle del río, decide visitar antes de su marcha el lugar descubierto, que tras personales averiguaciones sabe que se trata del monumento a los Sagrados Corazones enclavado dentro de una antigua fortaleza almohade de más de ocho siglos de antigüedad que tiene la consideración de Bien de Interés Cultural y que el pueblo se llama San Juan de Aznalfarache.

Después de tener que preguntar a varios lugareños por el acceso al objetivo de su visita, ante la falta de señalización indicadora, nuestro turista llega a lo que sospecha es la entrada al recinto monumental pero sus intenciones se ven frustadas al comprobar que sólo es posible acceder en los horarios de misa. Para sacar provecho a su visita resuelve dar un paseo por las murallas y comprueba que sus expectativas en cuanto al paisaje y las vistas no le defraudan pero al mirar a las faldas de la fortificación observa un paisaje que afea y elimina parte del disfrute contemplativo del panorama y que no entiende como es posible que el entorno de este valioso patrimonio parezca un vertedero. Continúa su caminar en torno a la fortaleza y no para de sorprenderse desagradablemente de que la acumulación de suciedad, residuos y basura se repite durante el paseo.

En el corto trayecto de vuelta a su alojamiento en Sevilla nuestro turista ocasional reflexiona sobre la experiencia que, aunque grata por las belleza de las vistas, no entiende como se abandona a su suerte un bien de tan alto valor histórico y pensando si merece la pena recomendar la visita a sus allegados a un lugar rodeado por un basurero.

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